jueves, 24 de julio de 2008

Los hijos en el cuerpo


Se sienten.

Más allá del embarazo. Más allá del parto.
Escurriendo a través de nuestros poros, sensaciones de las mas diversas, amplias e intensas.
La necesidad física de los hijos existe.
Ese olorcito que viene a nosotras luego de unas horas de estar lejos de ellos.
El deseo de escuchar sus sonidos vibrando por toda la casa. Esos mismos que en ocasiones nos aturden, pero que si faltan nos desorientan, dejan vacíos.
El impulso incontenible de besarlos. El abrazo que se despierta con su presencia.
Los hijos en el cuerpo marcan, regalan, transitan, generan.

Están. Porque son parte. Parte de un universo transformado desde que nacen.
Parte de nuestra vida que casi ni se acuerda de los tiempos en que ellos no estaban dependiendo de nosotros y esperando.

Son muchas las dimensiones de nuestro cuerpo habitadas por los hijos. Cuando sus carcajadas encienden las nuestras. Cuando los vemos haciendo algo que les da placer. Cuando descubrimos su crecimiento en el día a día. Cuando nos enojan.

Cuando sabemos que están bien, una sensación de calma nos habita. Cuando sabemos que están.
Siento que nuestro cuerpo nos dice también cuando no estamos tan disponibles para ellos. Cuando queremos hacer otras cosas. Cuando nos sentimos más irritables porque nos demandan sin límites y nuestra mirada quiere por un rato estar en otro lado. También lo sentimos en el cuerpo, como un límite que se transita y se puede pasar.
Pero el rumbo se sostiene por ese calmo bienestar de ellos. Sabiendo que están bien, aunque no estén cerca.
Hay otras sensaciones que duelen. Lastiman, quiebran todo nuestro cuerpo.
Si están sufriendo. Si están enfermos. Percibo esos momentos, como nudos fuertes en el centro corporal. En el vientre, en el pecho.

Si los creemos en peligro. Nos ahogamos, se caen nuestras piernas, tiembla nuestra piel. Se calla nuestra voz.

Los hijos en el cuerpo se sienten. Y sus ausencias también.
Hay ausencias inocentes y transitorias, salidas, campamentos, cumpleaños, vacaciones.

Y hay de las otras ausencias. Las de mamás que buscan a sus hijos, las que pelean por su tenencia, las que no los ven hace mucho. Las que no pueden quedar embarazadas.

En este camino de acompañar en la crianza, en ocasiones encontré mamás con ausencias. Ausencias largas, dolorosas, de las que arden. Y el cuerpo se los dice, se los recuerda y se los grita.
Pienso mucho en ellas. En sus hijos. En el ardor, en el vacío.
Pienso en el recurso que cada una encontró para seguir.
También de ellas hay que hablar. ¿No?

9 comentarios:

Marina dijo...

Vero cómo disfruto leyendo tus palabras... me llegan al alma... me identifico... corroboro lo que pienso... o me dejan pesando... siento que me ayudan a crecer, como persona y cómo mamá... me dan paz y me hacen sentir acompañada... Qué suerte haberte encontrado! Un beso grande...

Mai dijo...

Coincido con Marina. Ponés palabras ahí donde nosotras rebalsamos de sentimientos de todo tipo, tal vez sin poder describirlos.
A mí también me encanta leerte!
Un beso!

Verónica dijo...

chicas, gracias. Este contacto, las palabras de ustedes son importantes para mi. Me encanta que podamos compartie este espacio de encuentro. Antes me resistía un poco, me sonaba frio y lejano, pero siento que es todo lo contrario, nos acerca.

Besos a las. Y siempre las visito.

Vero.

Florencia dijo...

Hola, he leido tus comentarios en los blogs de algunas de las chicas y hoy llegué al tuyo. Muy lindo tu blog. Hermosas palabras.
Sé mucho de ausencias..
para una mamá que perdió a su hijo antes de nacer, que no pudo nunca tocarlo, ni olerlo, ni abrazarlo, la presencia de ese hijo en el cuerpo deja marcas imborrables, ahi tambien existe la necesidad fisica de se hijo que se amó desde siempre. Duele la ausencia eterna de esa personita a la que le habiamos soñado toda una vida. "No es sólo mamá la que lo tiene en sus brazos, sino tambien la que lo lleva en su corazon y ve en cada niño al suyo propio."
Mencantó tu blog.
Un beso enorme!

Verónica dijo...

Flor. Gracias por pasar.
Sé de tu camino dificil, entré a tu blog.
De eso se trata de como sentimos a los hijos más allá del embarazo y nacimiento. De ese lugar que van ocupando. Incluso cuando no se logra el término del embarazo, cuando se desea el lograr tenerlos.

Cariños.
Vero.

Xochitl.. dijo...

Las ausencias me siguen doliendo, por hoy nada mas que decir. Creo que ese es tambien de mi problema, ya lo sabes.
Un abrazo

Verónica dijo...

Xo: abrazo para vos. Y recordá que tenés presencias importantes también.

Cariños.

Maria Eugenia dijo...

A veces lo había sospechado: una sospecha lejana, fácil de eludir. Pero con la muerte de mi papá la sospecha fue certeza. Los padres (papá y mamá) también se sienten en el cuerpo, y su ausencia también.
Una vez mi papá tuvo un choque, del que resultó sólo un poco lastimado. Pero se cortó la cara, y había mucha sangre y la imagen era muy atemorizante. Cuando entré a verlo en el hospital de urgencias esas heridas me dolieron a mí. No la cara, no el lugar preciso de "su" dolor. Pero me dolió algo en el cuerpo.
Con el tiempo me acostumbro a su ausencia, como uno se acostumbra a no usar más ese anillo que usó toda la vida. Pero cada tanto aparece la sensación física, ahí en el cuerpo, de su presencia ahora ausente.

Verónica dijo...

Hola Eugenia. Bienvenida. Quise pasar a conocerte en tu blog y no hay acceso. Habilitalo si queres, así estamos en contacto.
Vero