
Caminaba lento. Pasos cansados.
Una vida de trabajo. Larga.
Llegó a la Argentina en un barco desde España siendo muy pequeño.
Una familia buscando un futuro. Un lugar.
Me han contado mucho de su historia, pero yo tengo mis registros propios.
Ojos llenos de paz. Disposición absoluta para jugar conmigo en cualquier circunstancia.
Yo: mujer maravilla. El: el malo atado con el lazo de la verdad.
Yo: antojo de ir a la plaza. El: llevandome haciendo un esfuerzo con sus piernas.
Yo: mujer maravilla otra vez. El: el malo que dispara sin éxito porque mis muñequeras le frustran el ataque.
Yo: aburrida. El: juguemos a las cartas.
Yo: huyendo de las obsesiones de limpieza de mi abuela. El: cómplice.
Yo: una nena de siete años. El: mi abuelo Emérito.
Yo buscandolo en la casa, sintiendo que en cualquier momento volvería a aparecer con sus pasos cansados a buscarme para jugar. El.....No podía volver.
Pero dejó esa huella, esas vivencias....
Tesoro grande el de los abuelos que se conectan, disfrutan y regalan estos recuerdos..
Figuras importantes en la crianza. Sostenedoras muchas veces.
Muchos con miradas especiales y disposiciones amplias para el encuentro con los niños.