domingo, 29 de junio de 2008

Mi amiga Vero


Desde el día que se fue, me cuesta escribirla.

Se mezclan una especie de tristeza con la incertidumbre de saber si tengo el derecho de hacerlo.Mañana se cumplirán once meses. La extraño. Me duele su forma de partir.

Finalmente son la tristeza, el dolor y la incertidumbre, los que me abren el paso para dejar salir las palabras, atragantadas en este tiempo.
Que misterioso el destino, ¿el destino?. No sé, quizás se trate de la forma en que uno decodifica los hechos que lo rodean, enlazando momentos, imágenes, vivencias y le pone un hermoso moño que llamamos destino. Y cerramos.

En este caso, el "destino" nos reunió en una cruzada de momentos cotidianos casi desbordantes para muchas madres. Nos elegimos de algún modo. En el patio de la escuela de los chicos que cursaban juntos tercer grado. Su nombre también era Verónica.
No fuimos grandes amigas, fuimos parte de esa red increíble de sostenes femeninos que en la jerga de las madres se llama pull, traducido al resto del mundo: una lleva la otra trae, si una no llega a tiempo a la salida de la escuela la otra retira sus chicos y los tiene hasta que sea necesario, hoy comen todos en casa y mañana te los llevas a la tuya, dejá que yo voy a la librería y compro para los dos....se entiende ¿no?.

No fuimos grandes amigas, pero entre un pull y otro nos fuimos contando cosas, compartiendo experiencias, escuchandonos.
Ella me decía "que hacés Verito" y para mi era un sonido cómplice de todas esas "gambas" que nos hacíamos.
La última tarde que compartimos, Vero se sentó frente a mí con su panza de cinco meses y medio de embarazo, el mate, la yerba y aguita caliente. Tomé sus mates dulces aunque me gustan amargos, y casi no lo sentí. Hablamos mucho, mucho. ¡Al fin una charla sin los chicos que nos apuren o nos griten desde el auto en marcha!. Hablamos de nuestros hijos, de la bebita que venía en camino, pensábamos como organizarnos los primeros meses sin que ella se moviera mucho. Y de otras cosas, que quiero guardar para mí. Nos hizo bien. Nos despedimos con un abrazo y un beso y yo me fui a buscar a nuestras hijas que estaban practicando hokey.
¡Qué ganas de que el resto no hubiera pasado! Ojalá fuera una pesadilla, una película o algo distinto a la realidad que es.

El lunes siguiente, el corazón de Vero dejó de latir. Así, de repente. Después de traer a casa a mis hijos Luisina y Ezequiel. Cuando el martes a la salida de la escuela otra mamá intentaba decirme lo que había pasado, yo se lo negaba, le repetía "estas equivocada, ella me llevó los chicos a casa" como una loca, no queriendo escuchar la verdad de sus palabras, tan duras, incomprensibles, dolorosas. Su beba se fue también.
No recuerdo como se lo dije a los chicos cuando salieron. Llamé a Kike que corrió a encontrarnos. Eze quería estar con su amigo. Y yo sólo pensaba en ella. Le preguntaba en mi cabeza ¿qué te pasó? ¿qué te pasó?.
Los meses que siguieron fueron raros.
Algunas mamás se ofrecían a llevar a los chicos en los horarios en que lo hacía ella y yo sentía enojo, me encaprichaba pensando "quiero que los lleve Vero".
Su hijo vino a casa mucho mas seguido que antes y juntos la fuimos trayendo con palabras, imágenes y recuerdos. Lloramos y nos reímos con anécdotas graciosas.

Mi tristeza se fue transformando, cambió de lugar, de intensidad. Pasó por lugares muy diversos. Me llegué a plantear muchas cosas que tienen que ver con el tiempo compartido con los chicos, el ritmo de vida que llevamos, las cosas importantes y las que no lo son tanto y que a veces nos demandan demasiado tiempo y energía.
Tengo que confesar que el sufrimiento de sus hijos es mi punto débil. Tan chiquitos, perdiendo a su mamá embarazada. Pensé en mis hijos, en nuestra familia....
Hoy, a casi un año, llevo muchas charlas conmigo misma y con ella a través del recuerdo de palabras que fuimos cruzando, entrelazando y escuchando. La voy entendiendo más cada día. Quiero tenerla conmigo desde ahí, desde los encuentros, lo compartido, lo que nos unió.

No sé si está bien o mal. Es lo que puedo. Por ahora.

3 comentarios:

Fer dijo...

Hola Vero, lei esta entrada y realmente me parecio muy conmovedora e injusta, que dificil es saber que nuestras vidas se encuentran en manos del llamado destino no?? Se que sabes acerca del proceso que implica el duelo, pero la teoria no es muy buena compañia cuando el objeto perdido era para nosotros tan fundamental.
Fuerzas!!!!

Verónica dijo...

Hola Fer. Es cierto, no hay teoría que valga cuando la vida golpea cerca.
Gracias por pasar por acá.
Besos

Anónimo dijo...

Caramba, es acá donde quería dejarte un comentario, en realidad, porque estuve con vos entonces y sé cuánto duele todavía.
Espero que la presencia de las amigas que nos damos el lujo de estar mitiguen el dolor. Te quiero.
Marina