
Alejo dice que esta triste.
Sabe que la salita de 3 a la que fue el año pasado fue dividida y no se encontrará con algunos de sus compañeritos.
Hoy lo volvimos a hablar porque el lunes comienzan las clases. "Mamá te equivocaste" me dijo con lágrimas en sus ojos y un pucherito que se le escapaba.
Le dije que no me equivoqué, que entraban muchos compañeritos nuevos y que sería divertido conocerlos y aprender juntos. Le nombré uno por uno a sus compañeros viejos que se quedarían junto con él y sonreía cuando los nombraba.
Pero lo que mas le molestó fue saber que en la nueva sala hay otro Alejo. Caminó hacia el sillón con su cabecita gacha y se acostó boca abajo.
Al ratito me dice: "Mami, mejor tengo 3 años y me voy a mi salita con la Seño Andrea". Le expliqué (Con un pequeño nudo en la garganta de verlo así) que si hacía eso no iba a encontrar a ningún amiguito y que serían todos muy chiquitos, y que él necesita compartir con chicos mas grandes porque creció. Además le aclaré que cada Alejo sería especial y que los querrían a los dos. Y que como el ya conoce la escuela les puede mostrar los juegos, la granja y el patio a los amigos nuevos.
Se quedó pensando y le propuse armar juntos la mochi, buscar sus cosas, elegir si quería conservar las cosas que usaba antes o comprar nuevas, eligió todo lo que llevaba el año pasado, se colgó su mochi y puso cara de contento...
Desplegó muchas cosas, miedos, pequeños duelos, necesidad de sentirse único y especial, deseo de conservar situaciones conocidas y seguras para él, ansiedad frente a la nueva seño, la salita y los compañeros. Alegría por sus amigos.
Y se agarró fuerte de todas sus cosas de la mochi para llevarlas con él y sentirse seguro. Allá iremos el lunes, de la mano para acompañarlo y verlo crecer, encontrarse con las cosas nuevas, con las de antes, con las que se transformaron. ... Me conmovió escucharlo conectado con las emociones y que pudiera contarlas..