jueves, 28 de agosto de 2008

Ser madre


En un libro de relatos de María Novo llamado "ellas, las invisibles" encontré éste llamado "Ser madre" que me resultó conmovedor. Es el relato interno que va haciendo consigo misma una mujer que teniendo un bebé tiene que salir a trabajar, corriendo con sus horarios, compitiendo por no perder su puesto y deseando pasar mas tiempo con su hijo. Acá comparto con ustedes fragmentos del relato:

"...el reloj tan insistente como siempre y la prisa, corrompiendo ese deseo antiguo de tocar a su hijo y demorarse.
....Se trata de correr, de vivir de costado y a destiempo ese placer oculto y vivo de ser madre.-No saltes Juan, no saltes que hay que irse; y ahora se hace pis, otra vez a mudarlo, es que no llego, pero si ficho tarde me tendré que explicar, no sé ya qué decirles, porque esto no lo pueden entender, mi jefe es solo padre, que desdicha.

-Come bien niño y no metas la mano en la comida...Pero como le digo estas cosas si él sólo quiere jugar y nació para eso, para volcar los platos de la vida, para no ser usado sino usar, para romper el orden y reír, que ahora no ríe, tan atrapado por esta rapidez de un plan que no es el suyo: correr, salir corriendo, a las ocho menos cuarto alcanzar la guardería.....
...Que extraña sensación la de haber perdido el centro de mi vida, la de amar a este hijo más que a todos mis bienes y, sin embargo, no poder dedicarle más tiempo: ser madre y ser mujer, todo a la vez, estar con él pero estar en el mundo....

Ya nos vamos, el viento en contra.....Tengo miedo, me parece que es poco con el fin de semana, yo querría que él creciese conmigo más despacio, que sintiese que es parte de un proyecto que consiste en mirarse a los ojos y reír, no solo de este ir y venir que no puede entender......
Mi jefe no es mujer, si lo fuese entendería que las ocho es muy pronto cuando se tiene un hijo, que una media jornada sería suficiente, ya le pedí y me dijeron vete, ese es tu problema.

Tengo que competir con ellos, mis colegas. Siempre llegan intactos al trabajo....porque saben que hay alguien que les cubre; ellos pueden hacer reuniones cuando las guarderías cierran y los chicos esperan reconocer un rostro familiar en la puerta.
Ya la veo solo queda esta calle, y llegaremos pronto. ...Voy contando los tiempos que nos quedan de a dos, juntos tu y yo y me parecen cortos, escasos, medidos, ahora que podría disfrutarte, que de mayor te irás.....
Buenos días Elena. Juan llega un poco a disgusto, pero ya se le pasará, como otros días, eso me dicen, que después come y juega como todos.....
...Las ocho menos tres, los tres que necesito para llegar si está el ascensor en el portal y, si no, escaleras arriba, me va en ello el puesto.....

Logré llegar.
Doce expedientes, me espera un día intenso,
y acaban de anunciar una reunión..., tendré que pedirle a mi madre que recoja el niño a media tarde....
-Sí, señor director, podré quedarme, cómo no.

-La reunión es a las seis, ya lo he entendido. No faltaré. Que la empresa no tenga contratiempos, que los balances reflejen unas buenas ganancias. Por mí no quedará, señor director....
Pero que pena que usted no sea mujer y esté amamantando, qué pena que no sepa que la vida se esconde en otro sitio, palpita de otro modo.

¡Qué pena, señor director...!"
Espero que les haya gustado.. A mi me hizo pensar en muchas cosas. En ciertos tiempos en los que maternando, se nos dificulta subirnos al ritmo que nos piden y nos exigen nuestros trabajos, o quienes nos rodean. En esos ritmos que van a destiempo de los nuestros y que ni siquiera nosotras imaginábamos antes de ser mamás. Y en la búsqueda de reparar un poco estas sensaciones, generando otros espacios de disfrute con el bebé...

lunes, 25 de agosto de 2008

Hablar con el bebé


¿Cuantas horas pasa una madre hablando con su bebé?

No sé si tenemos ese registro. Habitualmente son muchas las horas y las palabras.
Hablarle al bebé suele implicar ir relatando para él todo lo que estamos haciendo. Contarles a donde nos vamos, por que lo estamos bañando, que ropita hemos seleccionado para vestirlo. Si estamos cocinando y por qué elegimos ese menú . . . Y más. Muchas cosas que a lo largo del día compartimos con ellos a través de las palabras. Y no somos concientes de lo poderoso de este "decir" para nuestros hijos.
No nos olvidemos que las palabras irán acompañadas de gestos, expresiones, tonos diferentes, caras que manifiestan emociones. Todos los elementos que le pondrán color a la comunicación con el bebé.
Me encanta este diálogo, aunque quien lo ve desde afuera puede calificarlo de monólogo por la simple razón de que el niño no nos contestará con palabras. Y hasta puede creer que estamos locas o aturdiendo al bebé de tanto relato.

Silvia Bleichmar, psicoanalista increíble, profunda, sabia y realmente conocedora de la formación de la estructura psíquica desarrolla mucho de esto en sus escritos. En su libro "La fundación de lo inconciente" habla de lo importante de:

"atribuir pensamiento al hijo, imaginarlo como un ser pensante poseedor de los mismos atributos de nuestro psiquismo. Esto que permite atribuir una conciencia a un otro. Capacidad y potencialidad estructurante, dará algún día al hijo la posibilidad de sentirse humano, de establecerse en el interior de su propia piel mediante lo que Winnicott consideró como "el sentimiento de sí".

"Es necesaria una madre que insufle amor en su aliento para que el cachorro humano devenga realmente humanizado, con conciencia de si y posibilidad de mitificarse a sí mismo".


Pienso en estos movimientos que van haciendo de nuestros hijos seres incluídos en el lenguaje con todo lo que esto implica. En movimientos que naturalmente se despliegan y que está bueno también saber lo importantes que son. En fin, algo simple que es en realidad complejo y fundante. Porque miremos que cuando vamos hablando con el bebé, le atribuímos naturalmente capacidades de comprensión y hasta intencionalidad de respuesta a través de sus movimientos y expresiones.
La obra de Silvia Bleichmar es de una profundidad teórica inigualable, a mi criterio. Lamentablemente ella falleció el año pasado, pero ha dejado un legado valioso para los que nos dedicamos al trabajo con madres, niños, a la psicología en general. Sus escritos son complejos con muchos términos teórico técnicos, y es por eso que no los transcribo habitualmente. Pero es desde su mirada que trabajo muchas cuestiones en el consultorio. Me ayudó a generar una mirada distinta en temas de crianza, a reconocer los procesos en los que el niño despliega sus propios recursos, sus síntomas particulares y entenderlos desde allí.
Agradezco siempre a Chiqui haberme acercado a sus textos y ayudarme estudiarlos.

viernes, 22 de agosto de 2008


Alejo.

Tres años y medio.

El bombón de la casa. El que para mi todavía es un bebé.

Siempre corre cuando me ve llegar a la escuela a buscarlo. Se me trepa y salimos juntos de la mano..

Ayer hizo lo mismo. Pero cuando salimos, y empezamos a caminar por la vereda, nos encontramos con una compañerita de su sala que le dijo:


- Alejo, ¿vamos de la mano?.


- Si.- Contestó él.


Entonces me soltó la mano. Le dió la mano a su compañerita y caminó así las dos cuadras que faltaban hasta la casa de Valentina. En el camino era como que yo no existía. Ellos charlaban, se reían, estaban re contentos.
Cuando llegamos, se soltaron las manos y le dije:

-Bueno, decile chau a Vale.

-¡Ay mamá! Se dice Valen. - Haciendo un largo hincapié en la N que yo no dije.
Parece que mi bebé ya no es tan bebé. ¿Qué me espera cuando tenga trece en vez de tres?
ja.

martes, 19 de agosto de 2008

Cinco días


Cinco días.

Eran los que faltaban para el momento de la cesárea programada.


Largos. Muy largos. Pero, poco tiempo en realidad.


Ella llegó buscando una mirada, un permiso, alguien que la acompañara y pusiera cierto orden en tanto dolor.

La acompañaba su marido. Quebrado hasta las lágrimas.

Rara, poderosa e imprevisible, la naturaleza les jugó una mala pasada. El corazón de su bebita no podría latir por mucho tiempo una vez que dejara la panza de su mamá.

En esos últimos días todos habían opinado: que no le contaran nada a sus hermanitos, que no la vieran para no "encariñarse", que mandaran a los chicos a casa de unos familiares en otras provincias....

No les voy a ocultar que por más psicología que uno estudie estas cosas le mueven el centro mismo de su cuerpo. Bueno, al menos a mí. Y no me da vergüenza.


Pensaba muchas cosas mientras ellos me contaban un poco la historia de los diagnósticos, los cambios de médicos y la fecha de la cesárea. Sobretodo ayudarlos a encontrar su manera particular de transitar ese momento, bucear un poquito en la historia de cada uno y de la pareja para captarlos. Frente a estas cosas el camino que se elija transitar será definitivo para el duelo que se habrá de elaborar. Duelo de los mas difíciles. Perder un hijo. Una hija en este caso.


Largas horas en el consultorio ese día y el día siguiente. Una mezcla, un torbellino de emociones, de sensaciones, de palabras.

Caminamos juntos esos dos días en lo cuales estos papás pudieron esclarecer la manera de conectar a sus dos hijos con lo que estaba pasando, con palabras claras, sinceras.

Pudieron encontrar que deseaban estar con su hija hasta el último momento. Ella quería darle la teta, hacerla sentir todo ese amor, darle el derecho y el privilegio del contacto con su mamá, y tomar ella misma todo lo que pudiera de los días que compartiera con la beba.

Fui al hospital. Los encontré a los cinco en la habitación. Sus hermanitos la abrazaban, la besaban, hablaban con ella. El papá los invitó a salir con él un rato.

La mamá la amamantaba. Se miraban.
Con una intensidad absoluta. Sabiendo que cada minuto era único, irrepetible y necesario.
La beba se fue rodeada de sus papás. En brazos de su mamá, con ropita de sus hermanos.
Con las voces de los que mas la amaban a su alrededor. Con canciones de su mamá.
Con palabras de amor, con brazos, con mimos.....

Al pasar el tiempo, la mamá pudo entender lo importante de esos dias compartidos con su hija. Saber que estuvo ahí para recibirla, para darle todo lo que podía la dejaba tranquila. En paz con ella misma. Acompañarla en su partida fue el camino de entrada a un duelo doloroso, triste, pero sano. Con una íntima y real conexión con todo lo que le había pasado.
También pasan estas cosas. Por eso elegí contarlo.
La maternidad muchas veces nos regala experiencias con mucha luz y alegrías inmensas y a veces se transita por caminos distintos. Cuanto mas apropiados estemos de esos caminos, mas liviano es el peso.

Hay muchas historias como esta. El abordaje desde lo terapéutico de estas situaciones debe ser muy respetuoso de las creencias, las necesidades y las decisiones de los protagonistas. Acompañar, sostener, esclarecer, todo con respeto, cuidado y seguridad.

domingo, 17 de agosto de 2008

Una pequeña madre


En mi casa habita una pequeña madrecita.

Se conecta facilmente con las necesidades de Alejo. Lo atiende, descifra palabras que los menos atentos no le entienden.

Cuando van a dormir a casa de los abuelos, da las indicaciones: así no le gusta que le den el remedio, la leche si no es tibia no la toma, hay que llevarlo a hacer pis antes de dormir, esos muñequitos lo aburren.... Y así un montón de cosas.


Me conmueve verla registrar a su hermano de esa manera.

Le arma juegos a medida, sabe cómo hacerlo reir y embarcarlo en situaciones de fantasía inmensas, divertidas.

El otro dia Alejo estaba molesto, yo recién llegaba del consultorio con la cabeza un poco aturdida. El lloraba, yo tomé fuerzas y le dije "ya voy", tomé un analgésico y cuando iba para la pieza de los chicos la escuché a ella invitarlo: "¿querés que la hermana te prepare un bañito?" y le preparó, controló el agua, le hacía chistes ( yo me mordía para no meterme ) le lavó la cabeza, Alejo se dejó que no es tan común, lo bañó, lo sacó y lo vistió. Bajé la escalera corriendo para que no se sintiera observada por mi. Al ratito bajó ella, "listo, ya está bañadito y acostado viendo los dibus".

¡Me mató de amor!

Luisina tiene ocho años. ¿Será que las mujeres nacemos con una madrecita interior?.

Siento que muchas de las cosas que despliega son registros de la forma en que su papá y yo los hemos ido criando, pero hay otro registro que se me hace como de una herencia "femenina maternante" del asunto, un registro interno que despliega por ser una mujercita.

Será un poco de todo ¿no?....

viernes, 15 de agosto de 2008

Cambios.


La mudanza me dejó pensando en estas cosas.


En los tiempos que cada uno necesita para adaptarse a los cambios.


En ocasiones los adultos como vamos resolviendo trámites, organizando cajas y tiempos, no nos damos cuenta de todo lo que se nos va moviendo con el cambio que se nos presenta.


Recién cuando desensillamos, empezamos a conectarnos.
Los primeros días en la casa nueva, para Alejo, de tres años, fueron complicados.
Fiebre muy alta, tos, mocos, vómitos. Un combo de cositas.
Cuando se recuperó, no quería salir al patio. Se autoconvencía, llegaba hasta la puerta, miraba para afuera y decía "soy valiente", "no tengo miedo". Entonces vimos que en realidad le estaba costando sentirse seguro, dueño de los lugares de la casa nueva. Y el patio, mucho mas grande que el anterior, con árboles, con rinconcitos, me imaginaba que para él podía estar presentándose como inabarcable, y estaba sintiendo un poco de miedo. Todavía no había entrado en sintonía con el lugar.

Entonces un día después de almorzar le dije que en el patio había encontrado algo que podía interesarle y que fuéramos juntos a verlo. Me agarró de la mano y salimos. Fuimos hasta una cuchita costruida de material y se la presenté: "una casita chiquitita". Me preguntó si podía entrar y me dijo, "pero vos te quedas". Le dije que yo me sentaba al lado de la casita y que jugábamos juntos.

Fue increíble ver como tomando como centro "seguro" ese lugar empezó a explorar el resto del lugar. Yo le iba proponiendo cosas para hacer e invitarlo a moverse por el patio. "Busquemos ramas que nos sirvan de varitas mágicas", y entonces el entusiasmo lo iba conectando con este espacio tan temido. Hicimos magia un buen rato, convertimos a nuestro perro en sapo, búfalo, serpiente y hasta en jirafa, pobre Poter no entendía nada. Después estuvimos pateando penales en el arco de fútbol de Ezequiel y para festejar los goles (yo muchos no hacía) corríamos por una buena parte del patio. Jugamos escondidas y atrapaditas. Y así estuvimos cerca de dos horas y media, al final de las cuales Alejo ya andaba explorando solito otros rincones del patio.
El necesitaba conectarse, encontrarse con el espacio desconocido desde la seguridad. Acompañado. Me dió mucha ternura cuando solito se quería convencer y me ayudó a captar que estaba pidiendo ayuda, sosten, tiempo. Ese tiempo que entre cajas y corridas yo no le había podido dar.
Estuvo bueno. Ahora sale y entra muy seguro y dueño del lugar.
Y yo me divertí muchísimo.....

jueves, 14 de agosto de 2008

Aclaración

¿No se enojan si vuelvo a retomar lo que surgió de los dos posteos anteriores?

Me llamó la atención cómo se fue derivando en el tema de que nos cansamos. Las rutinas que nos acosan. Los ritmos que enloquecen. El trabajo y la crianza. Y todo esto haciendo interferencia con las demandas de los bebés.

Claro que estas cosas nos pasan. Es realmente agotador tener un bebé que depende absoluta y exclusivamente de nosotros, del entramado emocional que vamos generando a su alrededor, de la manera que tenemos de descifrar lo que le pasa. Agotador y hermoso a la vez.
Pasa de todo. Y que esto nos suceda no habla de no amarlo. De no desear estar con él. Ni tampoco habla de una absoluta desconexión.

Me preocupa cuando en este remolino de cuestiones se habla del bebé como el que estaría manipulando nuestras vidas. La manipulación ( que nos tome el tiempo, que nos maneje, que nos pida por gusto, por malcrianza) a mi modo de ver No existe en el recién nacido. El bebé necesita y pide lo que necesita.
Al hablar del bebé visto como agresor miraba el abordaje en el discurso social de estas cosas. Lo que se escucha en la calle, en las sala de espera pediátricas, en las mismas indicaciones del pediatra, etc. Para nada me refería a que si una mamá se siente agotada, es porque ve al bebé como agresor, es la carga que se le pone al discurso. Lo que en ocasiones se le dice a esa mamá, por ejemplo como que su hijo la está agarrando de punto, marcando como una intencionalidad. Ahí siento la diferencia. El lugar en el que ordenamos y nombramos las cosas.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Los bebés según se los mire.



El post de ayer me dejó cosas dando vueltas.
Sobretodo en uno de los comentarios donde decía que el bebé no es el enemigo.
Gran tema. El bebé visto como el enemigo.

El que nos va a tomar el tiempo y nos manejará a su antojo. El que parece que no duerme sólo para molestarnos. Pide teta seguido porque es un voraz insaciable. Quiere estar en brazos porque es un malcriado. Llora como loco porque nos quiere sacar de quicio.

¿Por qué será que, en general, no escuchamos palabras más empáticas de algunas personas con los bebés?. No se dice tan ligeramente que el bebé nos pide brazos porque no "es" sin relación con un otro, porque extraña el contacto permanente experimentado desde la gestación hasta su nacimiento. Porque necesita seguridad y conexión corporal.
No se dice claramente por ahí que el bebé come al ritmo que va necesitando según la adaptación de su cuerpito al medio aéreo.
No se levantan las voces recordando que el llanto es la única manera que tiene el bebé de comunicarnos sus necesidades.
Que en todo caso si pide estar con nosotros es porque lo necesita.
Si pide leche es porque tiene hambre y también la necesita.
Si algo lo incomoda necesita descargar el malestar y comunicárnoslo.
Quizás se trate en algún punto de una intolerancia a estas necesidades que tenemos que descifrar y para hacerlo debemos desplegar un abanico de percepciones. Bajarnos un ratito del mundo que corre y trasladarnos al mundo del ritmo bebé. Conectarnos con otras cosas.

Quizás se trate de los bebés según se los mire.

Quizás se trate de eso. ¿No?